6 consejos para que por fin tengas esa sonrisa que quieres

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La verdad, creo que no son pocas las personas que prefieren evitar la típica cita con el dentista. Diferentes películas, series y programas se han encargado de crear una percepción más negativa que positiva sobre esa clásica visita al consultorio. Tal vez, tan igual como el payaso diabólico y su sonrisa maquiavélica que les quita el sueño a miles niños, está el dentista que sin mayor reparo te saca un par de lágrimas en plena sesión.

Sin lugar a dudas, se trata de una injusta figura negativa que se ha ganado una profesión tan importante como cualquier otra del rubro de la salud. Hay dentistas que son excelentes en lo que hacen, como en todo trabajo, por lo que meterlos a todos dentro del mismo saco no es algo recomendable. De cualquier modo, para todas esas almas miedosas y asustadizas hay un par de métodos caseros que van a mantener tus dientes blancos sin mayor esfuerzo.

Bájale a ese consumo

Sí, ya sé que eres estudiante (probablemente también trabajes) y vives a punta del café. Bueno, lamento contarte que si buscas una sonrisa más blanca vas a tener que dejarlo de lado, sin considerar sus efectos no muy buenos para tu salud. Es rico, lo sé, a mí también me duele, pero es la verdad. Las bebidas oscuras como ciertos tipos de té, el café y algunas gaseosas (como la Coca-Cola y la Pepsi) manchan los dientes en el largo plazo.

Sabia madre naturaleza

Yo soy partidario de lo sostenible y reciclable. Si en vez de botar a la basura las cáscaras de plátano o naranja luego de tu desayuno, las frotas sobre tus dientes por un par de minutos, y tu sonrisa va a notar los resultados. Debes saber que es algo que se nota en el largo plazo, claro está, pero es una manera muy natural que no a va tener efectos secundarios en tus dientes, encías ni lengua más adelante.

La típica

Una de las formas más conocida es la del bicarbonato de sodio. Muchos recomiendan mezclar bicarbonato con limón o sal y limón. Sí, vas a tener resultados, pero en realidad no son métodos del todo recomendables porque dejan tus encías sensibles y dañan el esmalte natural de los dientes. Personalmente, creo que es mejor un poco de bicarbonato (una cucharadita es más que suficiente) con agua y, usando tu cepillo, lávate los dientes como siempre lo haces. La mezcla va a hacer su efecto sin perjudicar tu dentadura.

La segura

Ahora, si necesitas practicidad en el asunto porque quieres ver resultados rápidos, anda por el camino de las pastas blanqueadoras. La nueva Colgate Luminous White XD Shine, por ejemplo. Se podría decir que es como la fusión de todos los métodos caseros más los cuidados que Colgate acostumbra a darte 3 veces al día. Si a esto le agregas su enjuague bucal, olvídate, ya estás al otro lado. Apunta la placa.

El famoso aceite de coco

Otra alternativa muy buena, pero que OJO, se debe usar solo una vez al día y solo una vez a la semana es un secreto que involucra al aceite de coco. Muy fácil: 2 cucharaditas del famoso aceite y 3 cucharaditas de bicarbonato de sodio. Al unirlos se logra una textura pastosa con la que debes cepillar tus dientes como habitualmente lo haces. Sigue el proceso algunas semanas y te sorprenderás.

El as bajo la manga

Si eliges esta opción, lo único que tienes que hacer es mezclar Colgate, una cucharadita de bicarbonato de socio, una cucharadita de agua oxigenada y una más de agua normal. Une todo el menjunje y cepíllate los dientes como siempre lo haces. Esto te lo recomiendo solo una vez por semana y, paciencia, verás cómo todo cambia.

Es importante mencionar que, a pesar de ahorrarte la cita en el dentista, estos métodos no van a dejar tus dientes igual de blancos como cuando sí vas con un profesional. De todos modos, estos consejos funcionan mejor o peor según la persistencia que se tenga en el proceso. Aunque sabemos que no es algo que todos tenemos (incluyéndome), la paciencia es un don.

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A mi dame un poco de música, un buen spot y si hay un sunset por ahí, mucho mejor. Si a la ecuación le agrego mi slackline y buena compañía, no necesito más. Me gustan las historias, pero las reales, de carne y hueso, esas que te hacen vibrar. Me gusta la fotografía, soy fan de aquellas fotos dignas de guardar por siempre, pero en la mejor cámara: la memoria. Y también me gustan los retos. De esos que asustan, pero más que susto, motivan. Ah, claro, casi me olvido de lo más importante: soy chileno, obvio; de sangre peruana, por supuesto.