Al otro lado del camino: Cataratas de Mandor

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La ciudad oficialmente conocida como Machu Picchu Pueblo y coloquialmente como Aguas Calientes surgió como una base para los visitantes al Complejo Arqueológico de Machu Picchu. Vibrante, bulliciosa y colorida, se encuentra situada en un entorno natural abrumadoramente hermoso, pero mezquinamente valorada.

La mayoría de veces uno llega, se hospeda y espera quedarse el mínimo de horas en este peculiar pueblito que aparentemente uno cree que no tiene mucho que ofrecer. Sin embargo, antes o después de la respectiva visita al santuario histórico, un camino a la ribera del río Vilcanota invita a conocer la otra cara de Machu Picchu: las cataratas de Mandor.

 

Para llegar a Mandor, solo tienes que seguir las vías del tren que van desde el hote Sumaq en Aguas Calientes hasta la Hidroelétrica. El camino es enmarcado por húmeda vegetación y nubes de niebla, las cuales de vez en cuando son iluminadas por el sol que contrasta con gigantes helechos.

La ruta puede durar aproximadamente una hora. En sus casi cinco kilómetros de caminata, por momentos bordearás tan cerca al río como a la vasta selva que se inclina sobre tu hombro derecho.

Siguiendo la vía férrea, un cartel de madera indica tu llegada. Las cataratas de Mandor se encuentran dentro de un jardín botánico privado. A la mano derecha, tendrás que ingresar a un puesto de vigilancia en el cual tendrás que pagar S/5.00 (si eres extranjero, serán S/. 10.00) solo enseñando tu DNI. Te registras en un cuaderno y podrás entrar al gran vivero de bellas plantas y flores que antecede a tu destino.

La corta trocha que te espera tiene su propio encanto. Un puente sin barandas sirve de señal. Ya estás más cerca.

Al llegar, la caída de agua de Mandor cuenta con una pendiente de treinta metros y sus aguas se caracterizan por su cristalina presencia. Esta fue formada por un río de origen glaciar.

 

Hay que tener presente al visitar la catarata, al ser un escenario natural, es el hábitat de importantes especies, algunas en peligro de extinción, como el oso de anteojos o el gallito de las rocas (que suele avistarse en el lugar) por lo que tenemos que ser respetuosos con el territorio. Esta ubicación es como estar a la espalda de la montaña Huaynapicchu.

El silencio casi ensordecedor que habita este lugar es una expresión viva de la naturaleza en ceja de selva. Una perfecta excusa para alargar la estadía en tu visita a las ruinas.

Recomendaciones

  • El camino tiene zonas ausentes de luz y un poco frías, por lo que pese al calor del día, se recomienda llevar ropa abrigadora.
  • Las visitas a la catarata de Mandor, se pueden realizar durante todo el día, pero se recomienda que estas se hagan en horas de la mañana.

 

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Con una tendencia innata al constante aburrimiento, siempre fui propensa a buscar el cambio con el movimiento como estandarte. Así, me llené de viajes. Creo en los orgasmos cerebrales provocados por el sonido del despegue de un avión o el que produce las llantas de un auto al arrancar. Me enamoro de los lugares que visito, tanto que a veces me cuesta compartirlos.