Cómo ser más feliz en cinco simples pasos

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Cambia

Perdona, deja ir, prioriza la paz y no siempre la razón (es mucho más saludable), redefine tus valores, sonríe un poco más, di gracias, no te presiones, come despacio y disfruta cada bocado. Rodeáte de personas que te alivien la carga de la vida. Toma una ruta distinta para ir a la universidad, al trabajo o a tu casa.Ábrete

Deja que te abracen, que te engrían, que te deseen un buen día, que te contagien una risa. Está bien no pecar de confiado, pero de vez en cuando necesitas bajar la guardia. Abraza, besa, di te quiero, desea, sonríe a gente desconocida, di te extraño, inicia una conversación sin propósito alguno, participa de algún voluntariado, visita una tienda nueva (aunque no compres nada).Respira

Elige un día para ti. No tiendas tu cama, toma desayuno en pijama, escucha música y canta en la ducha, disfruta de una copa de vino mientras almuerzas, embadurna tu cuerpo en crema y ponte bata. Bájate dos paradas antes de tu casa, universidad o trabajo (o estaciona el carro más lejos) y camina. Come al aire libre, en el jardín o en una banca de algún parque. Juega en la arena y ensúciate el cuerpo, prueba una comida de otro país o cocina una receta nueva, duerme más temprano y apaga tu celular.Apasiónate

Encuentra algo que ames, algo en lo que puedas perder tu mente y no sentir que pasa el tiempo. Encuentra algo que no te cueste ni te aburra hacerlo, que te haga sentir especial, distinta, admirada. Lucha por eso y enamórate de cada detalle. Proyéctate con tu pasión y planea metas a corto y largo plazo.Muévete

¿No te pasa que cada vez que, aunque no tenías ganas de ir, cada vez que sales del gimnasio te vas recargada de energía y buena onda? Camina, corre, haz abdominales, baile, nada, haz sentadillas, monta bicicleta. Prueba nuevos deportes, así sea solo por un fin de semana.

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Con una tendencia innata al constante aburrimiento, siempre fui propensa a buscar el cambio con el movimiento como estandarte. Así, me llené de viajes. Creo en los orgasmos cerebrales provocados por el sonido del despegue de un avión o el que produce las llantas de un auto al arrancar. Me enamoro de los lugares que visito, tanto que a veces me cuesta compartirlos.

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