Playas escondidas en Lima

0

Un paisaje desértico, intacto. Dunas, peñascos y un mar tranquilo y rodeado de acantilados. La playa apenas tiene olas y solo el rumor del mar y el revoloteo de las gaviotas irrumpen en el silencio. No hablamos de una playa recóndita del norte peruano ni tampoco de la costa arequipeña. Es Ñave, a solo 63 kilómetros al sur de Lima.

Aunque no figuren en un mapa, Ñave y La Base son dos paraísos a la altura del pueblo de Chilca en donde cualquier veraneante puede (aún) ingresar sin restricción alguna.

No importa si es martes o sábado. Estos escondites resultan ideales para quienes desean alejarse del caos de la ciudad y de algunas playas del sur más famosas y concurridas.

En estas playas no existen restaurantes ni bodegas, por lo que una alternativa previa para parar puede ser el mismo pueblo de Chilca, en donde también se puede aprovechar para usar los servicios higiénicos y hacer algunas compras para el día, como piqueos y bebidas.

¿Cómo llegar?

Entrando por la pista con desvío a Chilca se debe llegar hasta la plaza principal. Una vez  ahí, aconsejamos preguntar a cualquier lugareño por el camino que va hacia Ñave. Si bien para muchos esta puede ser una playa escondida, definitivamente para los chilcanos no lo es. No es indispensable ingresar con una camioneta 4×4, pero sí con un auto no tan bajo, ya que en el camino se puede topar con algunos huecos, dado que no es una pista asfaltada. Después de casi 25 minutos, la paz de Ñave encanta a cualquiera.

Llegar hasta aquí es comulgar con la naturaleza. Ñave es un lugar donde podemos desconectarnos en serio y mantener el encanto como si fuera la primera vez que nos encontráramos con el mar.

Con forma de una especie de herradura, la playa está cercada a los lados por altas paredes naturales que poseen, entre sus formaciones, pequeñas cuevas. Es ideal para estar a solas con la playa y echarse bajo la sombrilla a disfrutar de la inmensidad que se siente por la ausencia de casas y edificaciones.

Rincón del surf

Al otro lado de Ñave, cruzando el cerro, se encuentra La Base. No hay un camino señalado; sin embargo, las huellas de los visitantes han hecho una especie de trocha. A pesar del buen trote que significa, llegar a lo alto del cerro es todo un placer. La vista que se tiene de ambas playas deja a muchos sin habla. A diferencia de la anterior, esta es más frecuentada por surfistas.

La Base está rodeada de cerros, peñas, cuevas y formaciones rocosas, ideales para quienes gustan de caminar y explorar. Aquí se puede ver una cantidad increíble de estrellas de mar, todas amontonadas, así como también miles de pequeños cangrejos que se calientan al sol durante el día ante la serenidad del lugar.

Estas playas no solo ofrecen un panorama lindo para admirar, sino aire puro, un cielo celeste en medio de una naturaleza absoluta alejada de los ruidos, arena hasta ahora limpia y olas azules que deleitan a cualquier persona.

El dato

  • A ambas playas se llega por la misma trocha afirmada. A la altura del kilómetro 62,5,
    en el pueblo de Chilca, se debe ingresar hasta la plaza principal, en donde se encuentra
    una pista que lleva a Ñave. En llegar se puede tardar alrededor de 20 a 25 minutos.
  • Para ir a La Base se debe cruzar un cerro caminando desde Ñave. No existe una entrada independiente, por lo que se debe dejar estacionado el carro en la otra playa. Llegar hasta allá puede tardar una media hora. Esta es ideal para tablistas.

Preparativos

  • Es recomendable parar antes y comprar los productos necesarios para pasar el día, tales como agua, frutas, piqueos, sánguches, etc. No olvidar llevar bolsas para los desperdicios.
  • Además de lo básico –como toalla, sombrilla, cooler y sillas–, podría ser una buena opción llevar paletas, un frisbee o una pelota de vóley para pasar la mañana.
  • Para cruzar el cerro desde Ñave hasta La Base es necesario hacerlo con sandalias o zapatillas y de preferencia caminar en fila.
  • A pesar de que ambas playas son de arena en la mayoría de su extensión, puede ser aconsejable ingresar al mar con zapatos acuáticos, sobre todo los niños.
COMPARTIR
Artículo anteriorKontenedores: Teatro en la playa
Artículo siguiente4 cosas que necesitas saber para ver el Super Bowl
Con una tendencia innata al constante aburrimiento, siempre fui propensa a buscar el cambio con el movimiento como estandarte. Así, me llené de viajes. Creo en los orgasmos cerebrales provocados por el sonido del despegue de un avión o el que produce las llantas de un auto al arrancar. Me enamoro de los lugares que visito, tanto que a veces me cuesta compartirlos.

Deja un comentario