Valparaíso, Valpo querido

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Llegar a Valparaíso fue realmente una travesía. Todo se descuadró cuando perdimos el vuelo a Santiago gracias al infaltable tráfico limeño. Esto, sumado a las confusiones con la aerolínea, largas colas de espera y una niña mirona, provocó una serie de situaciones que nos dejó estancados en Lima. Después de un rato, nos derivaron a otro vuelo que salía 8 horas más tarde. Así que, bueno, no quedó más que buscar a mi fiel libro, sacar un par de audífonos y encontrar un buen spot para esas largas horas de espera.

¡Al fin Chile! Ese sentimiento de volver a tu país (porque – por si no lo sabes – soy chileno) después de varios años es increíble. Todo te resulta familiar, todo te gusta, todo te divierte. Pero es curioso, porque al mismo tiempo sabes que ya no es tu lugar, entonces también te sientes un poco turista, un poco confundido, un poco ajeno. Es rarísimo. A esto yo lo llamo la “Teoría del expatriado”, pero en fin, esa es otra historia.

Santiago no tiene costa. Está situado en un valle rodeado de verdes cerros y llegar en pleno mes de agosto te regala una vista alucinante de la ciudad. Termina de llover y todo se ve en HD, dejando que la nieve que adorna la cordillera de los Andes se luzca de pies a cabeza. La playa más cercana es Viña del Mar (a poco más de hora y media) y al costado… está Valparaíso, Valpo querido.

Photo: Google

Como me las quise dar de mochilero, antes de viajar, desempolvé mi mochila de campamento, saqué la ropa que el invierno limeño no me exige por la simple razón de que no es tan frío como el chileno, compré un par calcetines gruesos y me fui. Complicado… complicado fue perderse en el intento de llegar a pie al lugar donde nos íbamos a alojar, considerando que Valparaíso está conformado por cerros – BIEN – empinados, muchas calles que por momentos te hacen sentir en un laberinto y los 20 kilos cargados en mi espalda. Sí, fue complicado. Pero valió totalmente la pena. Finalmente, llegamos al lugar donde nos íbamos a quedar; no pudimos haber pedido uno mejor. Ahí nos acogieron Pía y Derek, pololos (flacos, novios, enamorados) que habían convertido su casa en un lugar lleno de buena onda, olor a incienso, un par de gatos regalones y un balcón con una vista que deja loco a cualquiera.

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Valparaíso una ciudad porteña, lo que le da al lugar una personalidad única, pintoresca y totalmente bohemia. Cerro Alegre y el Cerro Concepción son los más turísticos, llenos de bares típicos, tiendas de libros, diseño, artesanías y cafés. Pero la ciudad es mucho más que eso. Valpo es arte, es graffiti, es juventud y también vejez, es música, es poesía, es puerto. Valpo es cultura. Tomar una chela y perderse entre las estrechas calles, subirse a uno de los ascensores que caracterizan a la ciudad —que, cabe resaltar, son patrimonios culturales de finales de 1800—, toparse con exposiciones gratuitas en casonas antiguas o encontrar un café que se llame Perú y sirvan productos traídos directamente de Chanchamayo, son solo algunas de las cosas que te pueden pasar.

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En Valpo, no salir un sábado por la noche, sobre todo cuando no tienes otro para aprovechar porque los días están contados, no es la mejor opción. Sin embargo, la locura en el aeropuerto, el cambio de vuelo, el bus para llegar a la playa y la odisea para encontrar a Pía y Derek fue demasiado para un solo día. Estábamos molidos y perdimos la noche, aunque quedarnos a descansar nos dejó aprovechar bien el día siguiente. Fuimos a seguir recorriendo la cuidad. Las empanadas chilenas de camarón-queso, la música, las intervenciones artísticas, la gente y las vistas logran encantar a cualquiera que la pisa por primera vez. Por la tarde, decidimos conocer un poco más a nuestros anfitriones así que fuimos a comprar un poco de carne, papas, tomates, cebolla y todo lo demás para agradecerles toda la buena vibra con un lomo saltado y un vino. Ellos se encargaron de la música y los tragos; nosotros, de la comida. Fue una tarde realmente grata. Buenos amigos, buena comida, buena música, varios vinos, la mejor vista, los dos gatos regalones y mucha buena onda hicieron de esa tarde un highlight del viaje.

Valparaíso tiene un encanto especial. Tiene estilo, tiene personalidad. Entre cerros llenos de casas porteñas y ascensores de antaño, graffitis de colores, poesía escrita en escaleras, containers de exportación y uno que otro perro callejero, logras conectarte con un sentimiento que solo quienes han tenido la suerte de conocer esta ciudad llegan a entender.

Photo: Google

Si un día te animas a visitar Chile, te aconsejo pasar por Valpo para que te convenzas de lo que hablo. Si te gusta la historia de biblioteca y la cultura convencional, estás al otro lado; pero si te gusta toda la onda barranquina y bohemia, es perfecto para ti. Ahora, si te quieres poner un poco más nice, Viña del Mar es una buenísima opción. De cualquier forma, ¡en Chile se pasa muy bien!

Photo: Flickr

 

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A mi dame un poco de música, un buen spot y si hay un sunset por ahí, mucho mejor. Si a la situación le agrego mi slackline y buena compañía, no necesito más. Me gustan las historias, pero las reales, de carne y hueso, esas que te hacen vibrar. Me gusta la fotografía, soy fan de aquellas fotos que merecen guardarse para siempre, pero en la mejor cámara: la memoria. También me gustan los retos, esos que asustan, pero más que susto, motivan. Ah, claro, y casi me olvido de lo más importante: soy chileno, obvio; con sangre peruana, por supuesto.

2 Comentarios

  1. Hola Franco,

    Justo hoy una prima que vive en Bs Aires me contó de su viaje y me envió fotos, casi las mismas que tú has posteado. Me encantaría conocer Chile, pero quisiera saber aproximadamente cuánto se debe llevar de dinero, yo me iria por la onda mochilera, buscando un lugar donde pueda hospedarme que no sea muuuuy caro y sitios para comer. Que me podrías recomendar?

    Mil gracias de antemano 🙂

    • Marión, cómo estás!
      Siempre depende de cuánto tiempo te vas de viaje. En general, Chile no es muy barato comparado con Perú, pero siempre puedes encontrar formas de abaratar presupuestos. Personalmente, cuando viajo prefiero los lugares para mochileros, como los hotels de backpackers, porque tienen una onda súper relajada y todos ahí están viajando en una nota similar a la tuya, entonces el ambiente es muy bueno! En TripAdvisor o Booking.com encuentras muchos. Otra opción es que uses Couchsurfing, una comunidad de viajeros alrededor del mundo que te ofrecen un espacio gratis en su casa (ya sea un cuarto con varias camas, solo una o incluso un sofá, si es que por ti no hay problemas). Eso si, para unirte debes crearte una cuenta y pagar un monto anual, pero ese es el único costo. Te recomiendo que revises estas opciones a ver qué tal, yo he usado las tres y absolutamente ningún problema, todo lo contrario.

      Cuídate harto y sigue viajando!!

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