Vuelo en globo: un sueño en México

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A lo mejor era la idea del despegue suavecito, por sus vívidos colores, por su tan clásica forma o simplemente por el hecho de no tener un vidrio de por medio. O puede que haya sido por todo lo que representa: volar-en-un-globo-aerostático. De solo pronunciarlo suena a fantasía, a película, a un sueño. Al menos, así lo parecía para mí.

Sabía que no era imposible cumplirlo, pero que probablemente tomaría un par de años (y grandes ahorros) realizar ese viaje ya que (sin mucha investigación de por medio) sabía que estos vuelos en globo mucha gente los hacía en Capadocia, Turquía.

Sin embargo, hace unas semanas viajé a Ciudad de México. Antes, como siempre suelo hacer, hice un research por todos los lugares que debía visitar durante mi estadía. Así, llegué –por medio de Instagram*- al perfil de un amigo que había estado en CDMX y vi una foto que me causó ansiedad. Globos. Globos aerostáticos de verdad y de location salía ‘Teotihuacán’. Como ya había investigado un poco, sabía que esta zona arqueológica –imperdible si vas a México- quedaba a tan solo 80 kilómetros de la capital donde yo iba a estar (!!!!!!!). El resto de la historia es más que obvia.

Dos semanas antes de mi viaje, entré a la página de Sky Ballon (www.skyballoons.mx) e hice mi reserva para un vuelo en globo. Al rato, me llegó un mail en el que me pedía realizar el pago. El vuelo que yo escogí costó 2,900 pesos mexicanos por persona (alrededor de 160 dólares) e incluía, además del vuelo en globo** durante 1 hora, lo siguiente: recojo de tu hotel en CDMX, coffee break previo al vuelo, desayuno buffet en un restaurante riquísimo de comida mexicana, una degustación de distintos tipos de tequila y mezcal, la visita a una tienda de artesanías, la entrada a las pirámides de Teotihuacán (después de verlas por los aires, querrás visitarlas a pie) y por último el transporte de vuelta a tu hotel. Todo esto toma una mañana. Te recogen aproximadamente a las 5/5:30 a.m. y regresas a la ciudad como a las 2:30/3:00 p.m. Créanme, vale la pena la madrugada. Luego sabrán por qué.

El globopuerto de Sky Ballon queda a pocos kilómetros de las pirámides de Teotihuacán. Esto está a 1 hora y pico de la Ciudad de México. Por ello, el recojo suele ser cuando aún no amanece. Yo fui en temporada de otoño, por lo que la temperatura a esa hora es baja y corre bastante viento. Recomendación: lleva una casaca de plumas o una cortaviento + chompa, pero debajo un polo de manga corta. Es mejor siempre andar en capas.

Recién en el globopuerto, comencé a tomar conciencia de lo que estaba a punto de hacer. El amplio jardín estaba cubierto por el inmenso globo aún desinflado. La canasta yacía al lado como si estuviera esperando su turno para volar.

Para entender un poco: El globo aerostático vuela gracias a la diferencia de densidad del aire que existe entre el interior y el exterior del globo. Para generar esta diferencia, el globo se infla con aire caliente (es por eso que la llama en la base está siempre encendida) que se mantiene y regula durante todo el viaje. El aire caliente es menos denso que el aire exterior, por lo que pesa menos y le da el empuje necesario para levantar vuelo.

Claramente, uno no se puede quedar solo en la teoría. El vuelo en globo es mucho más que el principio de los fluidos de Arquímedes para volar (googleen si quieren conocer más). Es el sonido del fuego inflando el globo a llamaradas, es el calor que se siente en la nuca mientras la canasta se aparta del suelo. Suavecito, como si uno mismo estuviera flotando. Sin sacudones, sin vértigos, sin revoloteos. Te elevas de a poquitos al ritmo del viento. Sin dirección alguna, solo te dejas arrastrar por la corriente con la vista bien puesta al horizonte que recién comienza a despertar. De repente, todo se vuelve diminuto. Los campos de cultivo parecen tapices en distintas tonalidades de verde y amarillo. Las casas, los árboles y los postes de cableado parecen de juguete y casi sin darme cuenta ya estaba sobrevolando las pirámides de Teotihuacán. Monumentales, desiertas y silenciosas.

En tiempos en los que uno quiere tener el control de todas las cosas, volar en globo resulta una experiencia casi terapéutica. Estos no se pueden dirigir y esto, precisamente, es lo que lo convierte en un artefacto anómalo, lúdico, aventurero. El destino es incierto.

Después de volar por más de 1 hora el piloto nos avisa que va a comenzar a descender el globo. Como él, nosotros tampoco sabemos dónde aterrizaremos. Abajo hay miles de posibles lugares para una posible zona de aterrizaje, pero también hay cables, antenas, casas y campos de cultivo que el piloto prefiere evitar. El patio de una escuela o un terreno descampado son los espacios ideales. Sin embargo, como ya lo he comentado, todo es incierto. Nosotros tuvimos dos intentos fallidos de descenso. Bajamos hasta casi tocar el suelo, pero parecía que el globo cobraba vida y decidía que ese no era un buen lugar. A la tercera, por fin pudimos lograrlo. El aterrizaje puede ser un poco brusco –nada grave, pero en comparación a la suavidad de todo el vuelo, puede chocar un poquito- por lo que recomiendan sujetarse bien a las barreras de la canasta y flexionar las rodillas para no sentir tan fuerte la pegada. Si hay poco aire es más sencillo. Un equipo de Sky Balloon no esperaba ya en una camioneta para trasladarnos al punto de partida.

Creo que así se siente volar.

  • 100% recomendado para anticiparte a un viaje, buscas por medio hashtag el destino (#CDMX, por ejemplo) y en te bota las fotos más recientes de miles de usuarios que han visitado esa ciudad. Así hasta me enteré qué debía llevar de abrigo.

** Existen globos desde 2 hasta 12 tripulantes más el piloto. Los vuelos privados son mucho más caros y normalmente se reservan con mayor anticipación.

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Con una tendencia innata al constante aburrimiento, siempre fui propensa a buscar el cambio con el movimiento como estandarte. Así, me llené de viajes. Creo en los orgasmos cerebrales provocados por el sonido del despegue de un avión o el que produce las llantas de un auto al arrancar. Me enamoro de los lugares que visito, tanto que a veces me cuesta compartirlos.

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